martes, 22 de agosto de 2017

Tinder, mendigando amor

Tinder,-mendigando-amor

Hoy existe tinder y otros medios tecnológicos similares por los cuales las personas se conocen y forman parejas. Todavía siguen existiendo las formas antiguas de conocerse, en el trabajo, en la calle, en las reuniones sociales, en el gimnasio, etc., pero estas formas han caído, o están cayendo en desuso.

Los medios tecnológicos han introducido una nueva forma de conocerse. A los que estamos acostumbrados a las formas antiguas nos parece un poco raro.

Lo que tiene de raro es más que nada que las personas se colocan en una vidriera pública y declaran abiertamente al mundo que están solos, que están necesitados, y que están dispuestos a perder el valor y la dignidad, están mendigando una pareja.

Evidentemente, esto no tiene por qué ser así, puede haber muchas personas que estén en estas redes sociales de contacto y que no cumplan con ese perfil, pero visto desde afuera esa es la impresión que se tiene.

Uno se pregunta si existen en estas redes sociales personas con mucho valor, porque lo que muchas personas quieren es conseguir como pareja alguien con dignidad.

En la vida real, un hombre que tiene muchas mujeres, es percibido por las mujeres como un hombre de mucho valor. Una mujer que tiene muchos hombres es percibida por los hombres como una mujer de poco valor.

Estas herramientas electrónicas vienen a equilibrar esta situación aquí son todos percibidos como personas de poco valor. Parece una ganancia para el feminismo, pero sin misandria como es habitual. Un equilibrio descendente, como un equilibrio socialista. Es un caldo de bacterias, el barro de un chiquero donde se revuelcan todos los cerdos, una orgía de basura.

La realidad no es seguro que sea una ganancia sino más bien una pérdida para todos. Para lograr una ganancia para todos tendríamos que volver a los métodos anteriores a la tecnología.

¿Cómo hacer para formar parejas en tiempos modernos? Ahora las personas trabajan encerradas durante muchas horas, enajenadas detrás de la pantalla de un computador, o entre cuatro paredes, aisladas del mundo.

Hace algunos años los trabajos y las tareas habituales no requerían tanto encierro o aislamiento. Las personas vivían en casas y no en departamentos, salían a la calle y conversaban con sus vecinos, compraban en almacenes y no en supermercados, compraban en tiendas donde eran atendidos por personas que conocían sus nombres, iban a ver películas a los cines y no en Internet, no andaban enajenados con el teléfono celular para todas partes, conversaban en el transporte público y en todas partes.

Hoy la humanidad está más conectada que nunca pero más aislada que nunca. Las nuevas formas de conocerse y de relacionarse son mediante la tecnología.

Las nuevas generaciones parecen haberse adaptado a este nuevo sistema. Me pregunto si ellos también sienten, como sentimos nosotros, los que hemos conocido las formas anteriores de relacionamiento, que estas formas nuevas de relacionarse tienen menos valor que la forma natural prescindiendo de la tecnología.

¿Qué tipo de parejas podrán formarse en el futuro? Será que los nuevos seres humanos se acostumbran a relacionarse los unos con los otros como relaciones entre mendigos.

Todo esto parece una crítica, pero no lo es. Es solamente una observación, un punto de vista. Yo mismo me anotaría en un sitio como estos, pero yo no soy un ejemplo para nadie, porque a mí no me interesa nada mi propia reputación y no siento que tenga nada para perder. Es que a través de los años he cultivado una reputación que consiste justamente en no tener reputación. Pero no todo el mundo está en esta situación.

Me pregunto cómo hacen para conocerse en estos tiempos aquellas personas que si les interesa su propia reputación. Estas personas están segregadas de alguna forma. El mundo moderno les obliga a aislarse y tienen muchas menos posibilidades de conseguir una pareja que los otros.

Si analizamos esto en términos darwinistas podríamos afirmar que si seguimos por este camino la evolución del hombre será en un camino descendente. Los que tienen más posibilidades de tener una pareja y reproducirse son aquellas personas de la sociedad que tienen menos valor. Los mendigos del amor.

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