lunes, 7 de agosto de 2017

Ocultando el sol: el ataque de la ideología de género a la verdad, por Gerard Mundy

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El autor, filósofo norteamericano, dice que la premisa de que todo el mundo crea su propia verdad contiene un asterisco oculto, que dice: sólo se deben aceptar y respetar las "verdades" seleccionadas, únicamente aquellas que validan los principios de la sociedad progresista.

Un eclipse de sol

La ideología de género exige que todo el mundo diga lo que es de lo que no es, y lo que no es, de lo que es. Los amantes de la verdad deben resistirse valientemente a esta incitación a la falsedad.

En la República de Platón, aquellos a quienes Sócrates llama “amantes de la contemplación de la verdad” detestan las falsedades; sólo buscan y tienen sed de lo que es verdad, “carecen de gusto por la mentira; es decir, no están dispuestos a admitir lo que es falso, lo odian, mientras que aprecian la verdad”.

La sociedad contemporánea, por el contrario, tiene una relación confusa con la verdad, lo que llevó a Oxford Dictionaries a seleccionar “pos-verdad” como Palabra del Año 2016. En los últimos años, Occidente ha aceptado ideas que son totalmente incompatibles con la mayoría de las verdades básicas sobre la dicotomía natural del sexo masculino y femenino.

Se anima a los individuos a elegir su propio género, mientras que se espera que todos los demás acepten plenamente estas opciones y se aferren a los “pronombres preferidos” por otros.

“Con la ideología de género, lo que se observa es una minoría fanática que intenta obligar a la mayoría a conformarse con enseñanzas falsas”

De todas las cosas, el acceso a los baños se ha convertido en la siguiente gran lucha por los derechos civiles; las mujeres deben aceptar a los hombres, y viceversa, en sus aseos. Se les etiquetan como excluyentes si manifiestan algún recelo sobre este apaño impuesto.

No debe subestimarse el carácter de estas demandas. Uno no es simplemente testigo de una decadencia de la moral entre una pequeña minoría, y un aumento del libertinaje y lascivia.

Con la ideología de género, lo que se observa es una minoría fanática que intenta obligar a la mayoría a conformarse con enseñanzas falsas.

Imagen de un episodio de la serie Los Simpson en la que se tapa el sol con un artilugio.

Imagen de un episodio de la serie Los Simpson en la que se tapa el sol con un artilugio.

La falsedad es, como dijo Aristóteles, “decir de lo que es que no es, o de lo que no es lo que es”, y eso es exactamente lo que los ideólogos de género quieren que todos los demás hagan. Estas personas quieren que todos participen en una gran ofensa contra la verdad.

Escribiendo a principios de los 90, Russell Kirk observó que los “sofistas” contemporáneos, como él los llamaba, “han creado en las oscuras cuevas del intelecto un Inframundo; y se esfuerzan por convencernos a todos de que no existe el sol”. De hecho, como se verá, los ideólogos de género están tratando de convencerse a sí mismos de que no hay sol, al tratar de erradicar la evidencia que contradice sus errados primeros principios.

Los amantes de la verdad, ahora más que nunca, deben resistirse a la mentira y proclamar la verdad.

Ocultándose del sol

Un reciente incidente ilustra sobre lo ilógico y perjudicial de lo transgénero. Este año, una mujer de Nueva Jersey, que alega ser un hombre, presentó una demanda contra el Sistema Sanitario de Sant Joseph porque su hospital, el Centro Médico Regional St. Joseph, se negó a realizarle la histerectomía que solicitó. La institución cree que es una práctica verdaderamente perversa -y ajena a la praxis de la Medicina- para desmembrar y quitar el útero y el cuello uterino aparentemente sanos.

Para que se le practicara la histerectomía, la mujer contaba con los informes de previa autorización de Medicaid, la cobertura de seguro de la sanidad pública federal y estatal para los estadounidenses de bajos ingresos.

La mujer, de 33 años de edad, ya había mutilado quirúrgicamente su cuerpo, con ambos pechos extirpados en 2014. Según su queja, un cirujano en San José había acordado realizarle la intervención. Sin embargo, el día en que se programó la operación, el Sant Joseph detuvo la cirugía, aludiendo a su identidad católica.

El hospital sigue las Directivas Éticas y Religiosas para los Servicios Católicos de Cuidado de la Salud promulgadas por la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. Y sostiene que en conciencia no es permisible la remoción innecesaria de un órgano saludable.

La mujer se someterá pronto a este procedimiento en otro lugar, en un hospital no católico, pero en represalia por causarle lo que considera una “humillación”, protagoniza una demanda contra el hospital por daños económicos y está exigiendo una orden judicial para que se exija al San Joseph realizar mutilaciones similares en el futuro. El San Joseph se ha mantenido en su decisión.

“El ideólogo de género elimina toda evidencia que entre en conflicto con el principio transgénero, mutilando quirúrgicamente su cuerpo y bombardeándolo con testosterona”

Creando la propia verdad

Al exigir que el Sant Joseph le ayudara a destruir un órgano reproductor femenino sano, la mujer se afanó en un vano intento de conformar la realidad del cuerpo a su propia “verdad” mental y esperaba que el hospital participara en el intento de crear una irrealidad. Para el amante de la verdad, exigir que otros afirmen una falsedad constituye una arrogancia del mayor calibre.

Más allá de la arrogancia, el caso es un ilógico filosófico clásico. El “primer principio” que precisa el transgénero simplemente no existe, porque una mujer no es ni puede ser un hombre. Así, para probar el primer principio erróneo, el transgénero trata de “crearlo”, para que parezca ser verdad.

El ideólogo de género elimina toda evidencia que entre en conflicto con el principio transgénero, mutilando quirúrgicamente su cuerpo y bombardeándolo con testosterona, pues su cuerpo, siendo el de una mujer, no está produciendo “suficiente” cantidad de esta hormona de forma natural.

Incluso entonces, la falsedad del principio sigue siendo demasiado evidente, por lo que el transgénero debe obligar a otros a convenir que una mujer es un hombre. Para la ideología de género, la verdad es un gran obstáculo que hay que atacar y destruir.

La ideología de género no encaja en la definición del mero relativismo, porque esto no explicaría por qué sólo deben ser aceptarse y albergarse algunas verdades. Si el argumento era que todo el mundo crea su propia verdad que otros deben aceptar y albergar, entonces ¿por qué no aceptar y albergar la declaración del hospital católico que, en deferencia a la verdad de la dicotomía hombre-mujer natural, no puede, en conciencia o en justicia, mutilar a sus pacientes?

Por supuesto, no hay respuesta a esta pregunta. Como en el caso de tantos otros argumentos que uno ve hoy en día, no hay intención de aplicar la suposición de manera consistente.

La premisa de que todo el mundo crea su propia verdad contiene un asterisco oculto, que dice: sólo se deben aceptar y respetar las “verdades” seleccionadas, únicamente aquellas que validan los principios de la sociedad progresista.

Los primeros principios adecuados son la comprensión de lo que es, de la verdad. En consecuencia, los primeros principios nunca pueden ser creados por la acción humana, no importa cuán difícil resulte. La verdad no cambia según los sentimientos.

Por otro lado, los primeros principios desordenados generan un razonamiento desordenado y conducen inevitablemente a conclusiones desordenadas. Como los placeres de la parte apasionada del alma, los tratamientos destinados a ocultar y enmascarar la verdad sólo pueden ser temporales.

“Hoy es un deber de los amantes de la verdad resistirse a las directivas tiránicas de la sociedad occidental contemporánea de someterse a falsedades”

Trayendo luz al mundo

La verdad siempre prevalecerá al final, pero eso no impide que se ejerza daño mientras tanto. Cuando la sociedad no está de acuerdo con la verdad, se crea un vacío oscuro, cubriendo la luz de la verdad y extendiendo una invitación de bienvenida al mal que habita en las tinieblas.

En tal sociedad, muchos están destinados a conducir sus vidas de forma desordenada, confusa, controlada y manipulada por aquellos que capitalizan su confusión e ignorancia de la verdad, como se ve ahora, con un mayor número de individuos angustiados buscando procedimientos de mutilación porque sus figuras de autoridad venden falsedades.

La aceptación, la tolerancia y el estímulo de falsedades básicas mutilan la habilidad de la gente para entender correctamente los primeros principios básicos; esto impide que confíen en las autoridades que promulgan la verdad que sólo prospera desde el fondo del corazón.

El correcto cultivo del alma requiere dirección, pues si uno debe actuar correctamente, uno debe ser consciente de lo que implica una actuación correcta. Para querer el fin apropiado, primero debemos comprender cuál es el fin apropiado.

No es casual, entonces, que los obstáculos a la verdadera comprensión perjudiquen la búsqueda de la felicidad. De ahí la razón por la que la Iglesia reconoce la instrucción del ignorante como una de las obras espirituales de misericordia, y la razón por la cual Sócrates pensaba que el poseedor de la verdad tenía el deber de compartirla.

El Centro Médico Regional St. Joseph resistió el intento de aceptar la falsedad, y como resultado, se enfrenta ahora a retos legales. Hoy es un deber de los amantes de la verdad seguir el ejemplo del Sant Joseph y resistirse a las directivas tiránicas de la sociedad occidental contemporánea de someterse a falsedades.

Afortunadamente, con la reciente decisión de la administración Trump de retirar las guías de acceso al baño de la administración anterior para instituciones educativas, hay una oportunidad, y el momento se presenta maduro para la batalla.

A pesar de la interferencia de los poderes legislativo y judicial, la futura lucha por la verdad se librará probablemente en los campos de batalla descentralizados: en los estados, en las localidades y en las juntas escolares.

Los amantes de la verdad no pueden esperar una victoria fácil, decretada desde lo alto. Al igual que el Sant Joseph, todos debemos estar preparados para evitar la falsedad y defender la verdad.

Via: The Public Discourse por Gerard T Mundy, profesor de Filosofía la Universidad de Sant Peter, en la ciudad de Jersey (EE.UU.)

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