lunes, 24 de julio de 2017

El embrazo atrofia el cerebro de la mujer de forma irreversible y queda incapacitada de por vida

Embrazada

Por primera vez un estudio científico ha demostrado que el cerebro de la mujer se reduce perdiendo materia gris al quedar embarazada.

Las zonas del cerebro que se ven más comprometidas son las relacionadas con las capacidades para tomar decisiones ecuánimes y justas con respecto a terceros.

La región de la empatía se ve muy atrofiada. La madre se transforma en una máquina de defender a sus propios hijos cueste lo que cueste y sin importar la justicia ni las razones de los demás.

Los investigadores han llevado a cabo estudios que comparan el cerebro de las mujeres antes y después del embrazo.

La investigación fue hecha en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y el Instituto de Investigación del Hospital del Mar (IMIM). Los investigadores fueron Elseline Hoekzema, Erika Barba-Müller, Cristina Pozzobon, Marisol Picado, Florencio Lucco, David García-García, Juan Carlos Soliva, Adolf Tobeña, Manuel Desco, Eveline A Crone, Agustín Ballesteros,    Susanna Carmona y Oscar Vilarroya y fue publicada en Nature Neuroscience.

Los estudios mediante resonancia magnética han podido constatar que, durante el primer embarazo, la materia gris de las mujeres, reduce su volumen en las regiones implicadas con las relaciones sociales y la empatía.

El efecto es tan evidente que con solo ver la resonancia magnética de cualquier mujer a cualquier edad es posible saber si alguna vez ha estado embarazada o no lo estado.

Los científicos están aterrados con este resultado y se están manejando con mucho miedo y precaución.

Esta precaución es debida a que en este momento de la historia cualquier resultado científico que demuestre que la mujer tiene algunas limitaciones que el hombre no tiene es un tabú para la ciencia y no se permiten la investigación en esa línea.

Ahora mismo cualquier científico que plantee una hipótesis razonable en este sentido es inmediatamente expulsado de la comunidad científica, por lo tanto, un resultado como este se está tomando con pinzas y las declaraciones que se hacen entran dentro del ámbito estricto de lo políticamente correcto.

El estudio científico viene a demostrar por qué en la antigua Grecia a las mujeres se la excluía de la política y de los foros. No a todas las mujeres, algunas podían participar, pero nunca aquellas mujeres que habían quedado embarazadas alguna vez.

Tal vez los griegos conocían, o se habían dado cuenta que una mujer que ha tenido hijos, de alguna forma quedaba inhabilitada para algún tipo de pensamiento abstracto filosófico o para tomar decisiones equilibradas acerca de una comunidad o de la sociedad en general.

Parece ser que los griegos al final no eran perversos, sino que eran muy prácticos y no querían perder el tiempo escuchando argumentaciones inútiles y sin sentido.

Tal vez el desastre político social económico que estamos viviendo en el mundo en la actualidad, esa percepción que todos tenemos de que el mundo se está yendo al abismo, tenga su causa en la intervención de la mujer en la política y en los altos cargos empresariales.

Tal vez sacando la mujer de todos aquellos lugares donde tiene que tomar decisiones, que al final van a afectar a terceros, las cosas comiencen a mejorar. Es una hipótesis tabú que tal vez algún día alguien quiera tomarla para investigarla.

El hecho es que el mundo no es un juego y actualmente se está tomando como tal, con una irresponsabilidad alarmante.

Los puestos importantes donde se toman las decisiones deben estar en manos de las personas más capaces del mundo y no por repartos y cuotas ni ningún tipo de discriminación positiva.

Como hace tiempo que estamos jugando, como estamos tonteando y perdiendo el tiempo, entonces nos pasa lo que nos está pasando, el mundo empeora cada día.

Los griegos tuvieron una civilización de 1000 años y le costó muchos siglos llegar a una conclusión similar a esta, cuando lo hicieron tuvieron el auge más asombroso de la cultura que la humanidad no ha vuelto a tener nunca jamás.

Ref: https://www.nature.com/neuro/journal/v20/n2/full/nn.4458.html

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